
Pensar, observar y encontrar el sentido del estudio
En mi experiencia como profesor de violonchelo, uno de los retos más grandes a los que me enfrento es cómo enseñar a los alumnos a seguir el hilo de los procesos, es decir, cómo aprender a pensar dentro y fuera del estudio musical.
Con frecuencia, el alumno se enfrenta a los diversos ejercicios desde el resultado final, desde el “tengo que hacerlo bien”, sin saber realmente QUÉ está haciendo, CÓMO lo está haciendo ni PARA QUÉ lo está haciendo. Este desconocimiento genera frustración, cansancio y, en muchos casos, abandono del proceso.
El ejercicio de cuerdas al aire: simple en apariencia, profundo en esencia
Uno de los ejercicios aparentemente más sencillos —y a la vez más beneficiosos— para adquirir una buena técnica de arco y desarrollar la escucha es el trabajo de las cuerdas al aire (open strings).
Paradójicamente, es uno de los ejercicios que los alumnos perciben como más aburridos y antipáticos para su trabajo cotidiano.
Cuando he preguntado a los alumnos por su experiencia con este ejercicio, las respuestas suelen dividirse en dos grupos muy claros:
- Aquellos que no logran adentrarse en el proceso, para quienes el ejercicio apenas dura unos segundos porque no saben qué hacer con él.
- Aquellos que, con el tiempo, reconocen sus beneficios, sus aplicaciones técnicas y musicales, pero admiten lo costoso que resulta sostenerlo incluso durante uno o dos minutos al día. Aunque intuyen su gran valor, supone un esfuerzo importante para la voluntad.
Esto nos indica que la dificultad no es técnica, sino interna.
La dificultad real no es técnica, es interior
Cuando trabajamos este tipo de ejercicios en clase, las reacciones de los alumnos son muy diversas y se manifiestan claramente en el gesto del cuerpo y el rostro. Esto habla de la dificultad de encarar el ejercicio, pero no desde un punto de vista técnico.
En realidad, la dificultad tiene que ver con procesos internos del propio alumno, no con problemas mecánicos.
Lo técnico es siempre una consecuencia, nunca la causa.
El problema aparece cuando el ejercicio se aborda sin saber cómo hacerlo, sin saber siquiera como debería de escucharse, supone un esfuerzo pensar o imaginar antes e actuar.
“Le pongo mucho esfuerzo y ya saldrá”.
No.
El verdadero trabajo consiste en reconocer todos los pasos necesarios para que el ejercicio tenga sentido, y saber qué estoy haciendo yo mismo para ello. No solo observo el ejercicio: me observo haciéndolo. El profesor debe actuar como guía de acompañamiento, por decirlo de otra manera, dos observan mejor que uno. El profesor en ese acompañamiento guía el estudio ( las observaciones, las preguntas…) para que el alumno reciba las experiencias necesarias para la construcción de su propia escucha y observación en su propio proceso de estudio.
Encontrar el sentido: la puerta del conocimiento
Antes de comenzar este ejercicio, el alumno puede plantearse preguntas como:
- ¿Puedo crear el sonido en mi interior y describirlo?
- ¿Tengo una idea clara de lo que quiero hacer con el sonido?
- ¿Soy consciente del estado de mi cuerpo: está blando, relajado, con el peso distribuido?
- ¿Percibo cómo la rigidez corporal afecta a mi respiración?
- ¿Cómo está mi mundo interior en este momento?
- ¿He creado una calma interior que me permita observar con claridad?
- Cuando emito un sonido, ¿sé cómo lo he producido?
- ¿Cómo es mi voluntad antes y durante el ejercicio?
Estas preguntas no buscan respuestas perfectas.
Nos sitúan en la puerta del conocimiento.
Crear en el alumno la capacidad de búsqueda es una de las tareas fundamentales del profesor. A través de experiencias repetidas, el alumno comienza a generar su propio camino de observación y aprendizaje.
Despertar la auto-observación
Habitualmente, cuando un alumno termina de tocar una obra o un estudio en la clase de violonchelo, le pregunto si puede hacer una breve descripción de lo que acaba de tocar: cómo lo ha hecho, qué ha sentido, qué ha observado en su cuerpo o en su interior…
La respuesta, la mayoría de las veces es: no lo sé.
La pregunta les sorprende.
Pero la pregunta no está hecha para humillar ni para mostrar superioridad, sino para despertar. Para señalar un territorio que el alumno todavía no está observando.
Acompañar al alumno en este proceso de auto-observación y descripción crea la atmósfera idónea donde estas experiencias pueden darse. Con el tiempo, se convierte en un hábito: observar acciones, sensaciones, pensamientos y emociones…
Ahí es donde aparece el proceso, el cómo, frente al mero resultado.
En la Parte 2 entraremos en la aplicación concreta de estos principios en el trabajo con el instrumento: cuerdas al aire, arco, sonido, sensación, simultaneidad y actitud.

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