Reflexiones sobre los procesos de aprendizaje musical (II)

Qué vas a encontrar en este artículo

Violonchelo en el suelo

Una de las preguntas fundamentales que debemos plantearnos es:

  • ¿Me he formado una idea interior de cómo quiero tocar lo que voy a tocar?
  • ¿He llevado a la calma mi cuerpo y mi interior antes de comenzar?
  • ¿Estoy en el presente, en el momento, o vivo en la urgencia, en el tener que…?

Con frecuencia observamos que los alumnos empiezan a tocar sin una idea clara, sin calma y con ganas de finalizar para ir a lo siguiente. A veces existe una intuición vaga, otras ni siquiera eso. Acompañar al alumno en ese pensar previo, que incluye tanto la idea musical como llevar al cuerpo y a nuestro mundo interior a la calma activa es necesario para que todo fluya con mucha naturalidad.


La verdadera experiencia nos dice la verdad.
Es la comprensión que nace de observar lo que hago mientras lo hago.

Cuando nos observamos en la calma activa, empezamos a establecer relaciones:

  • entre relajación y sonido,
  • entre peso y sonido,
  • entre sonido y libertad de movimiento,
  • entre libertad y calma interior… y todas las que pueden aparecer que son muchas.

Es en ese momento cuando algo deja de ser una idea y se convierte en realidad vivida.


Cuando el alumno comienza a emitir un sonido en una cuerda al aire, suele olvidar rápidamente la idea inicial. El ejercicio se transforma en una obligación: repetir para hacerlo “bien”, sin saber cómo. La pregunta que nace en este momento es: ¿ Si no tengo una idea clara del sonido de una cuerda al aire como voy a tener la idea sonora de una pieza musical, de un ejercicio etc…?

Esto provoca que:

  • el ejercicio pierda sentido,
  • el alumno lo abandone,
  • o lo repita mecánicamente sin aprendizaje real.

Hacer pedagogía consistiría en mostrar la repetición consciente de los procesos acompañada por el profesor. Mostrar y experimentar estos procesos es la base de la motivación y de la comprensión profunda.



Para llevarlo a la práctica, el alumno necesita tener una idea clara del ejercicio.
Aquí el solfeo y el canto juegan un papel fundamental, pero con una premisa clave:

Observarse a sí mismo mientras se canta y solfea, o como mínimo grábate con la tecnología mas simple posible así podrás escuchar desde fuera que es lo que realmente suena y si se ajusta a la idea previa.

Este paso nos ayuda a pasar del “creo que…” o “me parece que…” al “es”.

Con el instrumento, el camino es el mismo: describir cómo estamos haciendo el ejercicio, crear un dibujo sonoro consciente. Puedes grabarte como hemos explicado en el ejemplo anterior.

Es de suma importancia el trabajo conjunto entre profesor y alumno para tener una experiencia completa en la comparación entre:

  • la idea interior,
  • con la práctica exterior.

Todo este proceso no solo desarrolla nuestras capacidades técnicas y musicales, sino que nos ayuda a comprender que este trabajo técnico-musical se ve facilitado solo por tener esta actitud hacia el estudio, es decir, creando la calma activa, estar en la presencia y no en la urgencia, estar en la escucha…

No se trata de juzgar si está bien o mal, sino de establecer un punto de partida claro para evolucionar.
El verdadero aprendizaje nace cuando el alumno aprende a verse en el error, no como un problema, sino como un punto de partida para una posterior evolución. El error observado conscientemente se convierte en virtud.

Las preguntas adecuadas del profesor hacia el alumno en la clase mantienen al alumno despierto, activo, en búsqueda.

Nota importante: evitar la dependencia del alumno hacia el profesor es vital. Buscar recetas fomenta la pasividad. El profesor es una figura importante en nuestro desarrollo como alumnos y como personas, pero es un ser humano y por lo tanto comete errores.


Con el tiempo, el alumno empieza a percibir simultáneamente múltiples relaciones:

  • sonido y hombro,
  • antebrazo, muñeca y dedos,
  • peso y blandura física,
  • calma interior y libertad de movimiento…etc.

Todo converge hacia una visión global.
Por eso por ejemplo el detaché es fundamental: permite aprender la relación orgánica entre movimiento y sonido.

Este trabajo no es un fin en sí mismo, sino una actitud que debe acompañar siempre al estudio.

Los profesores somos guías. Acompañamos procesos externos e internos y, al hacerlo, actualizamos también los nuestros.
Aplicar recetas sin reflexión es renunciar al verdadero acto pedagógico.

El método real no esta fuera sino dentro de nosotros mismos, y nuestra tarea fundamental es ayudar a cada alumno a descubrirlo.




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Eduardo García

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